Heterónimos

Heterónimos: En su acepción literaria, heterónimo es el nombre falso adoptado por un autor para atribuirle parte de su producción. (wikipedia)

Básicamente consiste en escribir como si no fueras tú: cambiando tu estilo, léxico, temática etc, por otra diferente a la tuya. En mi caso he cogido dos personajes interiores míos (tenían que ser míos, era parte de los deberes): Oscar Costa que escribe un relato oscuro, denso, difícil y agobiante y Sonia Romero que habla de Oscar en un formato pausado, dulce, cálido y realista.

Quisiera llegar al punto en el que pueda escribir algo sin que se vincule conmigo. Como el actor que interpreta papeles con tanta maestría que te olvidas de la persona real y sólo ves al personaje.

NO SÉ NADAR Por Oscar Costa

Te muerdo fuerte los labios para entrar en tus húmedas fantasías, para que sientas lo que es el dolor, para que aprendas lo que es el amor cuando no cubre los anhelos que ansías. Tus besos saben a sangre y a estrofa de poesía. Voy derecho a tu pecho. Te quiero.

Araño tu piel, colecto tu miel de las colmenas, te libro del dolor que almacenas en tu alma infiel sobrada de penas. Pensaba que no podían hacer eso las sirenas. Voy derecho a tu pecho. Te quiero.

Bajo por tu corteza arañando con los dientes el camino entre tu boca y tus latidos. Voy derecho a tu pecho. Te quiero. Claro que quiero. Quiero sentir cómo fluye el desdén cuando me enfilo hacia el edén donde nacen las emociones que luego acaban a flor de piel. Si las sientes bien. Si me quieres, ven. Yo elijo ir. Voy derecho a tu pecho, te quiero.

A tu pecho, mis hechos. A tu amor, mis desechos. Hedor que cosecho el odio cultivado con semillas que planté en tu corazón en barbecho.

Te quiero, tu pecho, tu pecho, te quiero, tu te quiero, tu mi pecho, mi tu pecho. pumpum, pumpum, pumpum.

Te quiero, sí, te quiero, te quiero poder olvidar, que quiero poder suicidar, te quiero poder empujar al cajón de las tías que nunca quise volver a llamar. Quizás sí para follar. Una cuenta más en mi collar. Para, respira. ¿Dónde está el botón de rebobinar? Voy derecho a tu pecho. Te quiero.

Te quiero, te quiero, te quiero.

Te quiero cerca para me veas meterme en el mar, ya sabes que no sé nadar. Te quiero poder mirar mientras me cubre un agua oscura que ni cura ni fragua ni sufre al verme alejarme de la realidad. Tranquila, los médicos dirán que padecía cualquier enfermedad y para ti, sólo seré aquel chico que viste una vez nadar en el mar.

Alabadas sean las oscuras luces de la noche. Te quiero.

Alzadas sean las sordas sombras del derroche. Te quiero.

Amados sean los mudos ecos de tu reproche. Te quiero.

Voy derecho a tu pecho.  Te quiero, te quise, te que, te te, te nada. De nada. Porque no sé nadar.

QUIÉN ES OSCAR Por Sonia Romero

Oscar es el adolescente que ponía posters de nirvana y Green Day en su habitación para escaparse del mundo y al que sus camisetas negras de calaveras al final acabaron tatuando su piel. Adolescente hipersensible que ponía la música alta a sabiendas de que a esas horas su vecino Don Antonio estaba jugando al Mus en el Hogar del Jubilado y no podía molestarle.

Posee la personalidad de un joven a quien ser adulto le queda grande. Que tiene fe en una humanidad que no siente como propia. No han sabido hacerle crecer y hoy su fachada tatuada son los muros maestros de la cárcel de oro que se ha construido en torno a su imagen. Se esconde tras su ego, se camufla entre las adulaciones que busca permanentemente y ese disfraz de niño malo que le cala en la piel cuando se duerme entre nubes de algodón impregnadas en alcohol para desinfectar las heridas.

Cuando quedé con él para hablar de este poema, me enseñó triunfante su último tatuaje: poker de reinas. Exactamente la jugada que me hubiera arruinado y humillado aquel día que fue al concurso de poesía donde yo quedé segunda y acabamos todos jugando a las cartas en tu casa. Sí, Oscar, sé que tenías esa jugada maestra y sé que te dejaste ganar.

Así es como hay que leerle, así es como nos bañamos en sus relatos y cómo podemos saborear todos los tonos de negro que utiliza en sus palabras y que él se imagina que es la realidad que le rodea, sin darse cuenta que es él el que le da al filtro de blanco y negro en ese mundo de colores en el que vive.

Imaginemos que leemos al niño que escucha música Punk a todo meter, pero que a su vez, está atento a cuando Don Antonio llega a su casa, para quitarla y ponerse a escribir.

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